Las cosas seguirán igual, más o menos…
Cuando acabamos las “vacaciones”, volvimos a la ciudad, después de dejar a Ari en su casa solamente quedábamos en el coche Derek y yo, ya que Mark se había quedado en su casa. Derek detuvo el coche enfrente de mi casa.
-Bueno, nos veremos mañana-.
-Sí, eso, o puedes subir a mi casa a hacerme compañía-le dije mirándole a los ojos.
-Podría, pero tengo cosas que hacer cielo, te llamo mañana-dijo él inclinándose para darme un beso largo y dulce.
-Te quiero-le dije bajándome del coche, me despedí con la mano desde el portal y vi como se fue desapareciendo en la noche de la ciudad.
Subí las escaleras hasta mi piso, de camino recogí el correo, un montón de facturas. EL ver los sobre blancos me recordó algo y salí a la carrera escaleras arriba entrando rápidamente en mi apartamento.
Corrí a mi habitación abrí de par en par el armario, me subí y saque de la parte de arriba una caja. La vacié por completo en cima de la cama dándole la vuelta y un montón de sobres de colores, CD’s viejos, algún collar, una gafas de sol, un frasquito lleno de arena… pero en poco rato encontré lo que buscaba un sobre rojo que llevaba mucho tiempo dentro de la caja. Saque el folio blanco de su interior y leí las palabras escritas hace tanto tiempo…
Hola preciosa;
No quiero que se te olvide nunca lo que pasó el otro día y por eso te he escrito esta canción…la letra aun no está preparada pero cuando de aquí a unos años este lista y sea famosa te acordaras de mi cada vez que la escuches.
Escucha el CD y guárdalo junto con todas tus cosas, y nunca me olvides
Te quiero
DEREK
Cuando encontré la carta encima de la cama y después de releerla una y mil veces me subí a mi mesa para llegar a lo alto de la estantería y de allí cogí una caja de esas que sirven para guardar cosas. La baje y la deje sobre la cama, cogí el CD del interior del sobre y lo puse en el equipo de música y la melodía compuesta por Derek inundó toda mi habitación.
Lo cierto es que la noche anterior tampoco había pasado gran cosa, un concierto en la playa, un baile lento, un baño nocturno con ropa en la playa, un beso debajo del agua…Nada nuevo, pero parecía que la noche había inspirado de verdad a Derek.
Una vez la canción se acabo cogí el CD y lo metí en la caja con todo lo que ya había dentro.
Me senté sobre mi cama y comencé a coger las cosas que habían estado dentro de la caja tanto tiempo. Un frasco de cristal lleno de arena de la playa, una camiseta de Derek , unas gafas de sol viejas, unas conchas, unas fotos de los dos hace tanto tiempo ya… De todo eso ya me había olvidado casi por completo, de lo que no me había olvidado era de aquella sensación de plenitud que las canciones de Derek me provocan, cada nota, cada melodía, era capaz de transportarme en el tiempo, en el espacio, de hacerme viajar a un mundo distinto. Cogí el CD y lo puse en mi equipo de música.
Y así escuchando la melodía y las palabras de Derek me quedé dormida.
Al despertarme a la mañana siguiente, me tuve que dar prisa en prepararme, pues me había quedado dormida y esa mañana empezaba mi nuevo trabajo. Entre semana por las tardes y los sábados por la mañana cuidaría de una niña, sería su niñera.
Me vestí rápidamente y me fui esquivando los coches de la calzada a gran velocidad, o al menos a la máxima permitida por la ley, hasta mi nuevo trabajo.
Llegue al portal del imponente bloques de pisos, estaba en la zona pija y cara de la cuidad. El portero me saludo con un movimiento de cabeza cuando traspase la doble puerta de cristal. Durante el trayecto en ascensor estuve de los nervios, pues llega tarde, aunque solo fuesen unos pocos minutos.
Llegué al onceavo piso y salí en dirección al 115, llamé al timbre y la madre de la niña a la que yo ya conocía me dejó pasar:
-Siento el retraso-me excuse yo.
-No pasa nada. De comida verdura cocida y filete, adiós-dijo la madre entes de salir por la puerta. La familia se había mudado a esa casa hace unos menos, y ahora estaba ya todo colocado en su sitio, cuadros, floreros, mesitas, alfombras… De la familia yo solamente conocía a la madre, una mujer muy joven y muy trabajadora y ocupada, y a la hija, una niña de cuatro años adorable en la mayor parte del tiempo, y apenas estaba en casa.
Fui hasta el salón y allí estaba la pequeña Abigail.
Parte de la mañana me la pase en la casa ordenando las cosas de Abigail en la casa y jugando con ella, luego hice la comida y comimos las dos, luego Abigail durmió la siesta y yo me encargué de la limpieza de la sala de estar y la cocina, luego hice la colada y me puse a colocar la ropa de la pequeña. Por la tarde llevé a Abigail al parque y estuvo jugando el los columpios y allí le conocí.
-Eres nueva-.
-¿Perdona?-le dije al joven de pelo claro que se había acercado a mí.
-Eres nueva niñera en el barrios, ¿no?-
-Pues sí-le dije yo un tanto extrañada.
-Me llamo Albert, llevó ya un año cuidando de los mellizos-dijo señalando una niña rubia de rizos y ojos grandes y a un niño de pelo oscuro y cara de travieso
-Yo cuido de la niña del vestido azul que está junto a los arboles-Albert se giró para ver el largo pelo liso castaño de Abigail y como le dan zaba alrededor mientras giraba sobre si misma junto con otra niña-. Me llamo Aurora-.
-Así que eres la niñera de Abigail, son mis vecinos de al lado-.
-Encantada-.
-Si necesitas cualquier cosa estoy por las tardes y mañanas en el 116 y si quieres otra cosa fuero del horario de trabajo este es mi números de teléfono-dijo sacando un bolígrafo del bolsillo y escribiendo los números en mi mano.
-Lara, no comas eso-dijo saliendo corriendo en dirección a la niña.
Todas las tardes coincidíamos en el parque, y muchas veces juntábamos a los tres niños a jugar, y cuando estábamos solos antes de que llegaran los niños nos íbamos a tomar un café.
Así pasaban mis jornadas de trabajo y las de “ocio” las pasaba con Derek, y por las mañanas en la universidad.
Cuando estaba con Derek íbamos al cine, a pasear, al teatro, nos quedábamos en casa… todo iba bien ahora que volvíamos a estar juntos.
Cuando acabe mi trabajo me dirigí a mi casa, entre y al poco rato llegó Derek.
-Hola preciosa-dijo dándome un beso rápido-. ¿Qué tal tu primer día?-.
-Muy bien. Ya he conseguido el número de teléfono de un chico-.
-¿Ya? ¿Tan pronto? ¿No tendré competencia?-.
-Claro que si, este chico me robará el corazón y me olvidaré de una vez por todas de ti-
-Y que más. No te libraras de mi-.
-Tampoco quiero-.
Cuando salía con Derek en las citas que él organizaba me sentía flotando en una nube exclusivamente nuestra. Me acuerdo de la primera cita.
-¡Derek voy a caerme!-.
-Que va-.
-Pero si es que no veo por donde voy-.
-Yo te guio tranquila-.
-No me fio de ti-.
Me siguió conduciendo a ciegas hasta que note bajo mis pies la arena de la playa.
-Derek, ¿pero qué…?-no pude terminar la frase en ese momento me quitó las manos de los ojos y vi un picnic montado en plena playa.
-Sorpresa-me dijo mientras me besaba.
Estaba en casa en mi día libre y no podía quedar con Derek, bueno, más bien él no podía quedar, estaba ocupado.
Cuando me desperté por la mañana me dije a mi misma: “Que bien, un día solo para mí”. Pero dos horas más tarde no aguantaba más la soledad de mi apartamento.
Había limpiado, pintado, visto la tele… no sabía que más hacer.
Estaba en el facebook cuando Daniel me habló:
-Hola-.
-Hola, Dan ¿Cómo te va?-.
-¿¿Tienes tiempo libre hoy??-.
-Sí, ¿por?-.
-Nos vemos en quince minutos en el parque-.
Y entonces se desconectó tan rápido como se había conectado.
Miré mil veces más el reloj en esos veinte minutos. Aun quedaban más de doce horas hasta que llegara Derek.
Así que me fui y estuve dando vueltas por el parque hasta que vi a Dan.
-Hola, ¿qué pasa? Me has dejado preocupada-.
-Solamente quería verte-dijo él abrazándome fuertemente.
-Bueno, me alegra que me llamaras. ¿Me acompañas de compras?
De compras…
-Claude, el vestido negro o el rojo. ¿Cuál compro? -.
-¡El rojo!-.
-No hace falta que te pongas así-.
-No, no. Él rojo es igual que el de la foto-.
-¿Qué foto?-.
-Esta…- dijo Claude sacando de su bolso una revista de moda.
-Igualito… Entonces me lo quedo-.