Te juro que volveré…
Pasaron dos años desde la última vez que le vi, su promesa seguía grabada en mi memoria indeleble, tenía el momento en que partió en mis pensamientos a diario…
Recordaba perfectamente su figura alejándose al anochecer, recuerdo las lagrimas por mi cara, su sonrisa, mi tristeza, sus palabras, mis sentimientos hacia él, su forma de jurar, como me lo creí….
Cuatro palabras, cuatro, bastaron para conseguir que le dejara marchar, dos para que le entregara mi vida. Todo lo que hice por lo que me dijo no tenía sentido, era solamente la forma que yo tenía de seguir pensando que me amaba, gran equivocación… En dos años no nos habíamos visto y no había sabido nada de él hace más de uno, sus últimas noticias: “no te puedo seguir amando”. Aquellas palabras fueron las que más daño me hicieron.
Después de esas palabras intente varias veces rehacer mi vida, pero sin ningún éxito, seguía amándole, aunque no lo reconociera, muchas veces ni a mi misma…
Lo recordaba todo, cada segundo que pase con él, cada palabra, cada caricia, cada beso, cada noche, cada día…todo seguía en mi memoria. Nada se había tomado la libertad de abandonarme…Sus promesas.
Lo increíble fue cuando le volví a ver aquella mañana…
El sol brillaba claramente cuando le vi en el aparcamiento de la universidad, apoyado en un coche negro, con unas gafas de sol, una camisa blanca y unos vaqueros. Tenía las manos metidas en los bolsillos, y aun con las gafas de sol yo sabía que tenía la mirada perdida por la expresión de su boca, esa boca tan maravillosa.
Al principió mi corazón se alborotó, comenzó a latir desenfrenadamente, luego… se fue ralentizando poco a poco, sonreí. El viento alborotó mi pelo largo y moreno, aun sonriendo me lo puse detrás de la oreja.
Él se giró hacia mí y se quitó las gafas. Su cara era de asombro.
¿Asombro? Yo no entendía nada. ¿Asombrado por verme?... Mi primer pensamiento al verle fue que lo que me había dicho aquella noche por teléfono no era cierto y que había cumplido su promesa de volver…pero ahora que veía su cara sin las gafas ya no estaba tan segura.
Para mayor sorpresa para mí, y más desilusión, la chica que iba a mi lado con la que había ido hablando todo el camino desde que salí del edificio salió corriendo en su dirección y saltó en sus brazos.
Él la cogió y la elevó en el aire, la beso en los labios.
Mi bolso cayó al suelo, los libros se abrieron sobre el asfalto y el viento se llevo mis apuntes, las lágrimas recorrían una vez más mi cara en un llanto silencioso. Las piernas me fallaron y caí al suelo.
Y la canción que él me había hecho hacia tiempo se apoderó de mi mente, solo oía esa melodía. Ni oí el grito de un chico preocupado ni de mi amiga histérica preguntándome que era lo que me pasaba, solo oía esa música…y mi llanto seguía siendo silencioso o al menos eso me parecía…pero su voz sí que la oí.
-¡Aurora!-.
En ese momento me levanté y salí corriendo…
Esto ocurrió hace tres días, desde entonces no he contestado al teléfono, no he abierto la puerta a ninguno de mis amigos, ni a él cuando cada noche venía y llamaba a mi puerta.
Desde lo sucedido en el aparcamiento estuve en mi apartamento con la música a todo volumen, a veces lloraba, a veces cantaba, otras pintaba…
Era consciente de que no podía seguir así, pero no tenía voluntad de parar.
Iba hacia la cocina cuando vi un sobre rojo que debían de haber pasado por debajo de la puerta, me agaché, lo cogí, y fui a la cocina, abrí el cubo de la basura y lo arrojé en su interior, donde había otros dos sobres iguales…Todos de Derek.
Cogí un helado y me senté a comerlo.
Pasaron dos días más… eran las once de la noche cuando Derek llamó a mi puerta… Estaba cansada y quería hablar con él así que le abrí.
Cuando le vi, mi corazón se volvió loco de nuevo. El sonrió. Le deje pasar y él entró.
-Vine para ver cómo te iba-.
-Creo que sabes la respuesta-.
Él se sentó en el sofá, yo me senté a su lado… Llevaba tiempo sin dormir bien, la cabeza me dolía y la música sonaba todavía desde mi equipo.
-Supongo que no leíste ninguna de las cartas-dijo sacando de su cazadora otro sobre rojo-. Por eso traje esto-y me dio el sobre.
Lo cogí, lo acerque a una vela que estaba encendida sobra la mesa y le prendí fuego.
-Gracias, arde genial-dije dejándolo sobre un plato para que se quemara del todo. Mi apartamento estaba verdaderamente desordenado.
-Toma-dijo sacando otro sobre y riéndose.
-Supongo que tendrás sinfín de cartas…-.
-Así es, te aconsejo que la leas-.
-Es que lo que digas me da igual-.
-Aurora, eso no es cierto, ambos lo sabemos-.
-Me partiste el corazón-.
-No tuve elección-.
-Ni siquiera trataste de explicármelo-.
-No quería hacer más grande la herida, verdaderamente no esperaba verte aquí… Pero de todos modos, en la carta lo explica-. Dejó el sobre sobre el sofá entre los dos.
-Adiós Aurora, y duerme un poco-dijo mientras se levantaba y se iba hacia la puerta. Cuando oí la puerta cerrarse y al rato su coche irse, cogí el sobre, lo abrí y saque los papeles escritos con la inconfundible letra de Derek, comencé a leerla…
Baje de mi coche, cogí mi bolso y mis libros y lo cerré. Entonces Ari se me acercó:
-Aurora, cuánto tiempo, estaba preocupada-.
-Lo supuse-.
-Te llamé, fui a tu casa y tú no me abriste siquiera y sé que estabas dentro, la música se escuchaba-.
-Lo siento, quería estar sola-dije solamente.
-Oye-dijo ella cogiéndome del brazo y parando mi marcha hacia el edificio-. ¿Qué te pasó? Hacía mucho que no te ponías así-.
-Nada-dije mientras negaba con la cabeza-. Un mal día-.
- Bueno, como quieras, pero para lo que quieras…estoy aquí- y ella se fue.
Ari se había convertido en mi mejor amiga desde que me mudé aquí, siempre estuvo ella a mi lado, no podía decirle ahora, “oye, tu novio es imbécil, o al menos el tío del coche del otro día”. No era posible que los dos fueran las mismas personas… Recordaba perfectamente como conocí a Ari, también de cómo conocí a Derek.
Era verano y yo estaba en la playa, acababa de acabar el instituto, era mi último verano antes de la universidad y ya tenía los dieciocho, estaba en la playa la primera vez que le vi.
Él bajaba las escaleras de su casa a pie de playa, yo estaba en la arena, con un biquini de rayas y unas gafas de sol grandes, el viento alborotaba mi pelo. Él llevaba un bañador negro y una camisa blanca desabrochada, iba descalzo y se me quedó mirando cuando llegó a la arena.
Estaba amaneciendo y solo nosotros estábamos en la playa, se acercó a mí y me dijo con una sonrisa:
-Bonitas gafas-.
Me quedé mirándole y le conteste.
-Gracias, supongo. Aunque la verdad no sé quién eres, aparte de mi vecino-.
-Eres la chica de la casa de al lado-.
-Esa es la definición de vecino-le dije. Él en respuesta sonrió.
-Oye, ¿cuál es la ventana de tu habitación?-.
-¿Por qué quieres saber eso?-.
-Para estar en la de enfrente a ver si te veo-dijo pícaramente-. ¿Cómo te llamas?-.
-Aurora, ¿y tú?-.
Él se rió antes de contestar aun entre risas.
-Derek-.
-Dime Derek… ¿De qué te ríes?-.
-Tu nombre es Aurora y está amaneciendo-.
-Si muy gracioso… No te metas con mi nombre…-le dije, no comprendía cómo era él, su forma de habla… La forma de mirarme, de reírse… Solo sabía que quería conocerle…
-Oye, yo soy nuevo aquí, ¿me enseñas esto?-.
-Por qué no, hoy por la tarde, ven a buscarme a las cinco-.
Me tumbé en mi toalla boca abajo y me puse los cascos del i-pod. Él sonrió y se fue a pasear por la orilla.
A las cinco menos cuarto estaba ante mi espejo cepillándome el pelo, aun no me había vestido…
A las cinco menos diez estaba eligiendo mi ropa… ¿Vestido? ¿Falda? ¿Pantalón? Tenía que valorar las opciones…
Pero a en punto cuando Derek llegó y mi hermana le abrió la puerta yo ya estaba lista y aun así le hice esperar…
Cuando baje por las escaleras con mi vestido blanco y unas sandalias, el pelo suelto y las gafas de sol en las manos él se me quedó mirando…
-¿Nos vamos, Derek?-le dije al llegar al pie de la escalera.
-Claro-me abrió la puerta y yo salí por ella mientras le giñaba un ojo a mi hermana, Derek salió tras de mí.
Una vez fuera le pregunte:
-Ven, voy a enseñarte el pueblo, anda-.
-En verdad conozco esto-me quedé quieta.
-¿Qué?-.
-Te lo dije para que quedaras conmigo-dijo mientras me alcanzaba-. Soy un chico malo-.
-Algo más que se de ti-le dije con una sonrisa picara.
-Y hasta ahora, ¿qué has averiguado chica de las gafas?-.
Me puse las gafas de sol y le conteste:
-Eres mi vecino, te llamas Derek y además eres un mentiroso-.
Le adelante y me dirigí hacía la playa.
-Pues no sabes mucho… ¿Por qué vas a la playa?-.
-Puesto que conoces esto vamos a pasar la tarde en la playa-.
-¿Y si te digo que no?
-Pues vete al pueblo, tú verás-.
Él sonrió y se me siguió hacia la arena de color claro que brillaba con el sol. Me quité las sandalias y camine descalza, a unos pasos de la orilla me senté en la arena. La brisa venía del mar con un olor a sal, me arrastraba el pelo hacia atrás. Derek se tumbó a mi lado.
-Por cierto, estás muy guapa-dijo sonriendo antes de cerrar los ojos y poner las manos tras la cabeza.
Me quedé mirándole estupefacta. Levaba su pelo negro suelto y por encima de la frente en media melenita que le sentaba perfectamente, una camisa azul y unos vaqueros cortos y llevaba unas zapatillas de tela negras. Estaba increíblemente atractivo.
-Oye, entonces, ¿no eres nuevo aquí?-.
-Nuevo nuevo no, venía hace años, cuando era pequeño. Llevaba mucho tiempo sin volver. ¿Tu viniste hace tres año por primera vez?-.
-¿Cómo lo sabes?-pregunté sorprendida.
-Hace tres años que no vengo y no te conocía de antes-.
Me quedé mirándole…
-Vine aquí hace tres años,… cuando murió mi madre…-dije al final con la vista clavada en el horizonte.
Él se incorporó y me miró.
-Le encantaba este sitió, la casa era de su madre, al morir mi madre mi abuela nos la regaló. A mi padre le recuerda a ella y decidió que nos mudáramos para no olvidarla…Una gran historia-dije con un poco de pesar.
-Todas las chicas guapas tienen una historia trágica tras sus pasos-dijo mirándome fijamente con una media sonrisa.
Me ruboricé ligeramente, sacudí la cabeza y le miré.
-A sí que ya se algo más de ti-.
-¿El qué?-.
-Crees que soy guapa-le dije. Me quite las gafas de sol y le mire a los ojos-. Llevaba mucho tiempo sola-le dije, no sé muy bien aun por qué , me salió eso…
-Yo también…-
Me quedé quieta recordando esa tarde, estaba en mitad de la acera, cerca de la entrada… Miré el cielo, el sol brillaba. Prometía ser un buen día.
Estuve en clase intentando prestar la mayor atención posible. Aunque era más bien poca.
En mi hora libre fui a la cafetería, pedí un café y cuando me di la vuelta tras pagarlo ahí estaba él.
-Hola. No esperaba verte-.
-A ver, Derek, esta es mi uni, si no querías verme no haber venido-.
-Vine a ver a Ari-dijo mirando al suelo.
-Pues está en clase así que, espérala, pero hazlo lejos de mí, no quiero que nos vea juntos-.
-¡¡Derek!!-se oyó gritar.
-Tarde-me dijo él sonriendo.
Ari se acercó a nosotros y le besó. Yo aparte la vista.
-Ah, hola Aurora. Él es Derek, ¿ya os conocías?-.
-No, le vi el otro día nada más-dije antes de que él contestara, él sorprendido me miró, pero al final dijo:
-Reconocí que iba contigo y le pregunté cómo iba, me preocupo por tus amigas…-clavó su mirada en mí.
Esto acababa de empezar.
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